Vinzont
Todo comienza en él. Antes de que el concilio sea concilio, cuando no hay aún fecha ni fortaleza ni estandartes, alguien enciende la primera chispa — y ese alguien lleva siempre el mismo nombre. No es casual: en su casa el concilio es cosa de sangre, pues de ella salió también el que dicta la ley.
Negocia, convoca, dispone; y aunque luego reparta encargos, ninguna edición se habría alzado sin sus primeros pasos, ni se recuerda ninguna que él no se empeñara en hacer memorable. Su voz llena los salones: risas que se oyen desde el camino, gritos de batalla, historias que crecen con cada invierno. En la guerra fue siempre bien considerado, aunque los anillos se le han hecho rogar: otro guerrero dormido que conoció mejores mareas y que, cuando nadie lo espera, saca la garra y desborda cualquier profecía.
Gusta de anunciar sus victorias antes de librarlas, y a veces la batalla no ha leído el anuncio: es capaz de la genialidad que se canta durante años, y de la caída que también. Sostiene con Ambeloki un pleito eterno que ningún juez ha sabido cerrar, y con Juanills, cuando el destino los une, habla esa lengua que nadie más entiende. Pero quien lo haya visto al final de una edición bien cerrada, mirando al concilio disfrutar de lo que él puso en marcha, sabe cuál es su verdadero anillo.