Arri
Cuando junto al fuego se nombra a los grandes, su nombre nunca tarda en sonar. Hubo un tiempo en que los anillos acudían a su mano como aves al reclamo; luego vinieron mareas esquivas, y su nombre faltó en las coronaciones.
Que nadie lo dé por acabado: en su fragua arde desde entonces un fuego terco, y la espada que fue rota se está reforjando — ahora estudia cada linaje, cada arma y cada sendero que antes ganaba a puro coraje, pues ningún caminante marchó nunca con más hambre. Jamás rehúsa una partida: es de los que velan hasta el alba y aún reclaman una última antes de que cante el gallo.
En la guerra carga el primero, mas nunca pierde de vista a los suyos, y a quien marcha a su lado lo instruye como un maestro de armas. Y cuídese quien lo enfrente en las horas largas: cuanto más vieja es la noche, más hondo ahínca los pies.